Entrevista a Elena Roger Gamir, pedagoga y editora en el portal Solohijos.com

La experiencia y sabiduría de Elena Roger es un preciado tesoro para cualquier familia. Si los hijos pudieran pedir un regalo realmente valioso, en lugar de la Playstation u otras tentaciones del mercado, solicitarían a sus padres que atendieran los sabios consejos que imparte esta pedagoga y directora del portal Solohijos.com. Aquí podéis leer algunas claves, como lo mucho que deben recapacitar los padres para ser buenos educadores (o mediadores) o la urgencia de proporcionar autonomía a los hijos. Pero hay mucho más. No dejéis pasar la ocasión de mejorar, como padres y como personas, a la vez que mejoráis el porvenir de vuestros hijos. El recorrido es enorme.


¿Hasta qué punto es importante enseñar a nuestros hijos a pensar y actuar con autonomía?

Nuestros hijos deben crecer cuestionándose las cosas, sopesando la ecología de sus acciones, asumiendo responsabilidades, sabiendo detectar el VERDADERO problema para buscar diferentes estrategias resolutivas y no la primera, la fácil y la cómoda… Es necesario que en nuestro siglo XXI, con los desafíos que se encontrarán en su periplo por la vida, sean flexibles cognitivamente.

Algunos padres sienten frustración al ver que sus hijos no retienen determinados instrucciones o mensajes recurrentes ¿cuál es la clave para generar un aprendizaje real y profundo?

La clave está en los padres y no en los hijos. Padres y madres deben entender que no educan para que su hijo obedezca, no educan para enseñar un determinado comportamiento, sino que deben incidir en el proceso de pensamiento de su hijo. Deben educar para que ese niño o adolescente QUIERA cambiar, quiera MODIFICARSE. Para ello, deben crear esa necesidad en su hijo. El único aprendizaje real es el que es significativo para nuestro hijo y trascendente, para que pueda generalizarlo a otros escenarios. No quieras que tu hijo ordene la habitación, media para que tu hijo necesite ser ordenado.

Comentas que la inteligencia se puede enseñar, ¿puedes desarrollar esta idea?

El ser humano, dada su plasticidad cerebral, es susceptible a cambios significativos a lo largo de su vida, capaz no solo de aprender habilidades concretas, sino de modificar y crear nuevas estructuras de pensamiento. A través de las grandes o pequeñas experiencias a las que se enfrentan nuestros hijos a diario podemos ayudarles a mejorar su flexibilidad mental y la eficacia en el uso de sus funciones cognitivas. Esto les permitirá acceder a mejores niveles de aprendizaje, desempeño y desarrollo personal. El secreto para conseguir la modificabilidad cognitiva es ofrecerles experiencias de aprendizaje mediado por nosotros. Debemos convertirnos en buenos mediadores.

¿En qué consiste ser un padre o madre mediador?

Es ser un padre o madre consciente de querer producir modificabilidad cognitiva en su hijo y no solo un cambio de comportamiento. Para ello le ofrecen experiencias, información, conocimientos y emociones que su hijo no alcanzaría sino contara con ellos como mediadores para trasmitirlas.
Hay padres y madres que son mediadores natos y otros que deben formarse en función de las necesidades de sus hijos porque no toda intervención educativa crea modificabilidad cognitiva.
¡Cuántas veces repetimos y repetimos las cosas sin más resultado que la merma de nuestro prestigio y nuestro desgaste como educadores!
La buena mediación debe tener una intencionalidad y reciprocidad, debe ser trascendente y significativa para nuestros hijos. Si no sabes mediar, es necesario aprender.

También explicas que al mediar de forma adecuada para desarrollar la inteligencia de los hijos, los padres dan herramientas para atreverse, descubrir, equivocarse y seguir adelante. Un aspecto importante, ¿no?

¿Qué hacen los padres y madres mediadores? Seleccionan y organizan los estímulos, invitan a su hijo a tomar distancia del suceso, le ayudan a focalizar su atención sobre el hecho generando relaciones con otros escenarios, orientan la comparación, animan a buscar la novedad, despiertan la necesidad de solucionar el problema de formas diferentes, les ayudan a ser conscientes de lo que son capaces, les estimulan a modificar la imagen de sí mismos, fomentan la metacognición…
En esta rica interacción es inevitable convivir con el error y los problemas, convirtiéndolos en los mejores maestros para nuestros hijos. Un conflicto es una oportunidad para ayudarles a establecer sus prioridades, a definir con precisión el problema y a animarles a que busquen diferentes estrategias resolutivas.
Cuando un niño o adolescente sabe que ante un problema ES CAPAZ de encontrar varias estrategias resolutivas se convierte en un niño seguro de sí mismo, que confía en sus capacidades y se atreve a salir de su zona de confort.

El tema de la falta de respeto que a menudo muestran los hijos está ligado con el del autocontrol, ¿no es así?

Cuando un niño necesita insultar, gritar o incluso amenazar para conseguir su objetivo es porque no tiene los recursos necesarios para considerar toda la situación y las diferentes alternativas antes de actuar, está utilizando ineficientemente sus habilidades cognitivas. Actúa impulsivamente, emitiendo una respuesta sin haberla pensado.
En ese momento, en lugar de ofendernos porque nos está faltando al respeto, como mediadores deberíamos enseñarle a establecer la pausa necesaria para calmase y luego ser modelo de análisis y control.
Demos a nuestros hijos lo que les falta:
“Si ahora estás más tranquilo, podríamos hablar de lo que ha ocurrido hace unos minutos. ¿Te has dado cuenta de cómo ha empezado todo? ¿En qué momento crees que has dejado de controlar? ¿Podríamos haber reaccionado los dos de otra manera? Explícame cómo te gustaría que yo hubiera reaccionado. ¿Qué consecuencias crees que ha ocasionado tu decisión de actuar así? ¿Has conseguido lo que deseabas?…”

Se dice que las prisas, en general, son malas consejeras, pero como padres, ¿somos conscientes de lo perjudiciales que en el entorno familiar pueden ser para los hijos?

Tanto niños como adolescentes tienen su cerebro en formación. Cada día se ponen a prueba y aprenden cosas nuevas. Están constantemente “afinando” sus habilidades cognitivas para poder utilizar de manera óptima sus operaciones mentales, aquellas que les permiten tomar buenas decisiones. Les exigimos calidad, que se fijen en los detalles, que planifiquen y prevean consecuencias; queremos que identifiquen sus errores, que analicen, que comparen, que hagan hipótesis… y todo lo que les pedimos conlleva un tiempo, un equilibrio y una acomodación meticulosa en su esquema mental.
Sin embargo, les presionamos para que corran, les damos prisa tanto para vestirse y desayunar como para aprender y hasta crecer.
Es como crear una delicada obra de marquetería a martillazo limpio.
Enséñale a gestionar su tiempo, a conocer su propio ritmo de ejecución, a anticipar y prever. Y sobre todo, dale tiempo a ese pequeño gran cerebro para que procese a su ritmo. Si lo haces así, más adelante, tendrá los recursos necesarios para hacer frente al ritmo que le exige la sociedad.

El refrán “pan para hoy, hambre para mañana” tiene algo que ver con la teoría de plantear a los hijos preguntas estratégicas para que sepan resolver problemas por sí mismos, ¿no?

No les ayudas detectando sus errores y corrigiéndoles. Ni tampoco proponiéndoles soluciones alternativas. Cuando les haces las preguntas necesarias para que ellos detecten sus errores y busquen estrategias divergentes es cuando estás enseñándoles a “utilizar inteligentemente su inteligencia”.
Con el arte de hacer preguntas pretendemos estimular los procesos de pensamiento que les ayuden a resolver problemas que no pueden resolverse mediante respuestas aprendidas. Son preguntas que desarrollan la metacognición en nuestros hijos: Esta misma situación, ¿crees que le puede estar sucediendo a otra persona?, ¿Cómo crees que lo solucionaría esa persona?, ¿Puedes aplicar esta misma solución en otro escenario?, ¿Pueden ser las dos opiniones correctas?, ¿Qué hubiera pasado si…?, ¿Cómo podrías explicarme esto de otra manera para que lo entendiera mejor?, Si ocurriera lo que dices, ¿realmente se solucionaría el problema?, ¿A quién afectarían las consecuencias en ese caso? ¿A ti o a alguien más? ¿Qué le dirías a un amigo en la misma situación?
Dice Ann Landers que “Tus hijos no tendrán éxito gracias a lo que hayas hecho por ellos, sino gracias a lo que les hayas enseñado a hacer por sí mismos”.